Liverpool, crecer para ganar por Javier Cordero

Liverpool, crecer para ganar por Javier Cordero

diciembre 27, 2018 0 Por Esto es Anfield

Crecer para ganar

Por Javier Cordero (@CorderoJavI)

Si algo podemos decir de Jürgen Klopp es que es un tipo decidido. Sin apenas tiempo para responder contó con valentía y atrevimiento para modificar detalles de su libreto con mucho acierto tras la marcha de Philippe Coutinho, sobre el que giraba gran parte de su modelo y que debido a su pérdida se vio obligado a renunciar a ciertos privilegios. Durante el pasado verano, fue muy claro y conciso con las incorporaciones. Las necesidades las cubrió sin dejar de lado los motivos por los que hoy puede ser tan ambicioso: su trío de atacantes le puede amargar el día a cualquiera.

La condición de aspirante a títulos ha nacido a la par que esta relación de tres, hasta el punto de poder dar forma a todo un sistema y crear un triunvirato dentro de la Champions League la pasada temporada, frenado únicamente por el todopoderoso Real Madrid. Mané, Firmino y Salah marcan el nivel y los futuros desencadenantes de la temporada y por ello Jürgen Klopp actúa en consecuencia al guión establecido el semestre pasado y a la calidad de su ataque. Para poder potenciar a sus tres estiletes. En un principio, su planteamiento de partida se dispone en dos bloques. El primero más dedicado a tomar precauciones y guardar más la posición y otro que se encarga de todo lo relacionado con el ataque. En este último se mueven las tres estrellas ofensivas que ponen en disposición la creatividad, el ritmo de juego, el ataque de los espacios, el carril por el que progresar y la vía para finalizar las jugadas. Todo en base a no tomar riesgos en la elaboración y que sean ellos quienes decidan el resto más allá de la divisoria.

El centro del campo son el cinturón de seguridad de un equipo que juega constantemente con el vértigo con todo lo que eso conlleva. Resulta más difícil absorber protagonismo y tomar el mando de la situación. En un sistema que tiende a no detenerse y que se rige por el continuo movimiento de sus puntas, ellos tienden a compensar por detrás sus respuestas y a ir sumando altura solo si ellos van ganando metros. Es distinta la manera en la que dan apoyo a los de arriba, por eso Wijnaldum cada vez se asoma menos a la frontal si la jugada se lanza; o Milner, quien ya no estira tanto en profundidad y tiende a acomodarse a la izquierda para activar su golpeo y empujar un escalón arriba a Robertson, liberando así a Mané para que llegue dentro a amenazar.

En un partido de sobresaltos es donde la suma de experiencia y el acumular tantos encuentros de distinta naturaleza es lo que hace que un centro del campo dicte su ley. Al inicio y para aplastar al rival en los primeros minutos se lanzan con velocidad para presionar hacia delante y unirse lo más rápidamente en torno a la pérdida en zonas adelantadas, en otros instantes las circunstancias les piden ser más comedidos en sus funciones y estar más ligados a ese bloque de contención mencionado anteriormente. Guardar la posición y cuidar de que los laterales no se encuentren en inferioridad, bascular con agilidad y tapar pases peligrosos entre líneas. Es una medida más conservadora tomada con el fin de prepararse con más eficacia ante una presión alta u otra más intermedia donde esperan el momento de abalanzarse hacia el poseedor del balón, recuperarlo y conectar ipso facto con los delanteros, descolgados de ese primer bloque y dispuestos a atacar espacios amplios. Así pues, esa preocupación por mantener el orden en favor de la agitación e improvisación de su tridente le ha reportado consecuencias varias en su manera de atacar y como no, en la de defender.

En términos ofensivos, la propuesta ganó credibilidad con la llegada de Naby Keita, un elemento que la condiciona por calidad y también por las particularidades de su estilo. Jugando otro año más en Leipzig a pesar de que su compra se produjo en 2017, sin Mundial de por medio y una afinidad garantizada con el modelo de juego del club se preveía el impacto inicial que llegó a mostrar hasta parecer el mejor aliado posible para el tridente, pero su progresión disminuyó y una lesión le obligó a parar. En el otro lado Shaqiri también se encuentra en este momento sumando minutos y su acople al equipo se va completando a la par que suma fluidez en 3/4 de campo. Pero hasta ese momento el centro del campo ha dado una imagen a los reds de equipo poco fresco con la pelota, poco iluminado en lo creativo y sin mecanismos potentes para juntarse arriba. La manera de relacionarse con los delanteros también sufrió un cambio, recordando al modo de proponer que se tenía el pasado semestre. La conexión ha sido sencilla: activar los movimientos de Salah al espacio. Intentar llegar al área a través de sus carreras largas frente a centrales o laterales. Eso determina que Salah marca el ritmo y adoptar este supone incrementar el error por la gran velocidad a la que se juega y a la vez asegurar el poderío del egipcio en estos escenarios unido al de Mané. En esta versión se ha visto al Salah más protagonista como también el más individual y peor acompañado. Su volumen participación es irrefutable, pero la sensación es que a causa del modo en el que hoy se juega y de su evolución, el fútbol de sus botas le pide variedad y ser un todo en los metros finales. El recurso ha tenido ciertas repercusiones negativas: se ha explotado en exceso hasta limitar las intervenciones de Firmino, que se ha visto más involucrado en acciones que él no siente como suyas. Más preocupado por correr que por hacer correr al resto, esa capacidad de aclarar el ataque se vio muy difuminada. Al ser más ignorado que de costumbre en la creación de jugadas las facilidades en ataque eran mucho menores. Salah debía esperar a compañeros más de la cuenta o bien realizar una jugada personal para finalizar.

En un 4-3-3 tan simétrico y rígido, Shaqiri estira desde el perfil derecho y trata de estar muy presente entre líneas para unir los bloques, girar al rival y verticalizar. Una solución puramente individual.

Así pues la falta de ideas en la medular se compensaba con el pase largo y la posterior presión hacía arriba. Con relaciones cada vez más débiles con el balón y sin una vía de progresión definida – incluso los laterales se veían obligados a jugar en largo al no poder subir –  el Liverpool no podría solventar ciertos problemas y plantarse de ese modo cuando un amplio número de rivales tratan de reunirse en torno a su área y cerrar cualquier recoveco de su defensa.

El 4-2-3-1

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Klopp, sabedor de esta serie de limitaciones, ha llegado a la conclusión de que cambiando el dibujo de partida puede favorecer una serie de comportamientos que hagan al Liverpool más dañino en ataque según determinados escenarios. Por ello, hemos visto de forma habitual un 4-2-3-1 que ha desencadenado otra serie de transformaciones. En términos individuales tanto Shaqiri como Fabinho suelen ser ya habituales en las alineaciones – Naby Keita va sumando minutos partiendo desde banda izquierda – y el equipo gana dos jugadores con una trascendencia cada vez mayor dentro de la dinámica del grupo. Esto también repercute a nivel colectivo: el 4-2-3-1 hace más compacto al equipo — es más un bloque que con el 4-3-3 con el que se dispone bajo dos bloques — y ofrece una serie de conexiones que los reds venían pidiendo a gritos y en especial Salah. El Liverpool se escalona más con hasta cinco pisos llenos de futbolistas que se preparan para mover y moverse con más precisión:

– Los dos primeros pisos son respectivamente centrales y el doble pivote, que construyen en salida.

– Un tercer piso con laterales ubicados entre extremo y lateral rivales, para fijar por fuera y dar espacio por dentro.

– Un cuarto piso con los futbolistas que hacen de nexo: Firmino mediante la movilidad y Shaqiri rellenando espacios intermedios y activando su pierna izquierda.

– Un quinto piso: los futbolistas Mané y Salah con mejor desmarque al espacio y explosividad. Atacar a centrales y laterales rivales.

La propuesta tiene mucho más contenido, es más flexible para los atacantes, guarda una mayor complejidad ofensiva que la anterior y ha dado aire fresco desde todos los ámbitos. El balón rueda más por el suelo, cuida más las distancias para hacer una presión más efectiva a la par que ofrece más participación a futbolistas con un punto extra de creatividad, de inventar jugadas  que suman tres puntos. Con notables pasadores como Van Dijk, Fabinho, Henderson o Wijnaldum, este sistema les da más espacio para jugar al contar con un jugador menos en los primeros pases y ganarlo en la zona de la mediapunta, lo que les permite conectar con esta más rápidamente. Ahí los tres mediapuntas y el delantero siempre ofrecen una buena gama de movimientos para dividir atenciones en mediocampo, hacerse el sitio, recibir, girar y ya ahí hacer despegar a la jugada. Aquí o bien los laterales o sobre todo los cuatro atacantes son los que se benefician al ganar en presencia y actuar de filtro para mejorar todo lo que Salah pueda producir. Shaqiri resulta ser un gran activo para recibir ese pase tenso rompedor, Firmino vive más cerca del epicentro del juego a la par que los laterales encuentran esas posiciones cercanas al pico del área para dar el pase de gol.

El 4-2-3-1 acumula más futbolistas por dentro y entre líneas. Mientras los laterales se proyectan, los cuatro atacantes van al carril central, amenazan espacios intermedios y se mantienen más cercanos entre sí para combinar y meterse en el área en base a su técnica y verticalidad.

Este filtro es algo que ha ido buscando Klopp a partir del fondo de armario y del sistema para sumar al ataque lo que puede darle Salah más la buena relación que tiene con sus acompañantes. Se le nota con ese áurea de estrella ofensiva, capaz de dibujar sus jugadas marca de la casa pero también mezclando con otras basadas en asociaciones en corto en la frontal, apoyos para dejar de cara, retenciones de pelota para juntar a sus compañeros arriba… Alternativas para llegar a gol y que suelen llegar a buen puerto porque su rendimiento no se resiente al ocupar la posición de delantero, lo contrario. Él puede ayudar a que el ataque se desarrolle sin privarle de concluirlo cuando sea necesario.  El resultado es siempre similar: cada día hace más cosas bien, ha aprendido a detectar qué espacios le acercan al gol y su poder de determinación está entre los 6-7 mejores atacantes del mundo.

Una defensa de campeonato

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La capacidad adaptativa del Liverpool y esa flexibilidad para adoptar diferentes planteamientos se ha podido sostener gracias a un sistema defensivo que cumple las mismas características. Esa mentalidad necesaria para ganar campeonatos ha empezado a brotar desde la retaguardia. Los primeros en comprender el significado de la victoria, el esfuerzo que conlleva y la regularidad necesaria para hacer de ella ‘algo habitual’. El Liverpool comienza a ganar en área propia lo que perdía en un pasado muy reciente, en el que estar cómodo y manejar un escenario favorable se basaba en lanzar contragolpes: su forma de mantenerse vivos en el partido. La situación ha cambiado y la ansiedad por no poder atacar no aparece: gestiona su defensa de un modo bien distinto.

Ser un central de Klopp supone muchas dificultades durante el proceso, ninguno de los que ha tenido en Inglaterra se ha mantenido exento de la duda que ha flotado alrededor de la posición. Los primeros en ayudar a los demás y a su vez, los que pueden verse más solos ante el peligro. Esta serie de riesgos ha hecho que Lovren sufriera en exceso en su adaptación, Sakho hiciera la maleta o que otros no hayan funcionado como debieran. Defender tantos metros, muchas veces con poca ayuda y mantener la cabeza fría cuando el corazón del equipo late tan deprisa durante muchos minutos está al alcance de pocos jugadores. Por eso el Liverpool pagó 80 millones por Van Dijk y hoy celebra que cuenta con uno de los mejores del mundo en su posición.

Si antes de su fichaje la opinión mayoritaria era que hacía falta algo más para dar el salto cualitativo, la mejoría atrás debe explicarse a partir de su figura. E incluso hoy podemos decir que su crecimiento ha cogido de la mano al Liverpool hasta darle esa condición de equipo complicado de batir. La seguridad, calma y concentración con la que lidera la defensa ya no es una novedad. Si el balón marca la forma de presionar, él tiene la última palabra para decidir hasta qué altura mover el bloque. Permite al Liverpool protegerse mejor y da a Joe Gomez las referencias necesarias para brillar como lo había hecho hasta la lesión. Con lectura y colocación mantiene las formas y no concede errores allá donde participe. Siempre bien perfilado, al acecho en cada posibilidad de anticipación, cuidadoso en las coberturas y diferencial por alto. Pulcro con balón, empieza a edificar desde atrás las ventajas que su equipo pueda generar con balón más arriba. Sin importar las necesidades de su equipo, las está satisfaciendo con grandísima suficiencia. Van Dijk se ha destapado como el defensor del momento en la Premier League y uno de los que abanderan el renacimiento de la nueva selección holandesa.

El otro pilar sobre el que se sostiene el éxito defensivo no es otro que el guardameta Alisson Becker. La tranquilidad de tener un portero fiable se ha hecho palpable desde que adquiriese la titularidad. El Liverpool vive mucho más tranquilo dentro de su área, donde antes cualquier tipo de error mermaba la moral del equipo en general y la de los porteros en particular. Con el brasileño es justo al revés, pues los pequeños fallos que ha cometido no han sido ni por asomo tan determinantes como sus aciertos. Su rendimiento crece a medida que interviene con los pies y también con las manos, asume la responsabilidad sin importar de qué encuentro se trata y se mantiene activo los 90 minutos. Por alto ha despejado las dudas, a la hora de cerrar los ángulos de tiro al delantero se le ha visto rapidísimo. Pasos laterales muy bien medidos, con las manos bien separadas del cuerpo y unos cuádriceps fuertes para hacer vuelos explosivos.  El argumento individual más potente que ha ganado el club con respecto a la 2017-2018.

En Premier League, Alisson ha dejado la portería a cero en más de la mitad de los partidos.

Ambos jugadores son el motivo principal de haber recibido menos de un gol cada dos partidos, el mejor equipo defensivo del campeonato. En esa primera fase de fútbol más simplista, su aportación ha sido indispensable para mantener el dominio ante resultados cortos a favor; en el 4-2-3-1 con más preocupación por conectar las diferentes líneas han sido el pegamento del equipo para mantenerlo junto en presiones más corales y afinadas. Junto a ellos, debemos mencionar la incorporación de Fabinho y la repercusión que tiene como mediocentro. Como especialista en el trabajo sin balón, es el más dotado para evitar ser superado. Su técnica para ubicarse y proteger el espacio es sublime así como cuando la jugada le pide prestar más atención a su marca. Contemporizando o saltando para que el rival no gire, cada vez es más difícil para el rival aprovechar los espacios en transición ante su capacidad para frenar contragolpes. El Liverpool puede abalanzarse hacia arriba sabiendo que ya cuenta con un balance defensivo muy fiable.

El rendimiento hasta ahora es el esperado para un equipo que ha ido descubriéndose poco a poco sin perder consciencia de su propio origen. Con los problemas en defensa solucionados, Klopp ha ido introduciendo en sus planes a los nuevos jugadores para dar mayor riqueza a su ataque, que es ante todo la razón de ser de este equipo. El tridente le dio forma al proyecto y cada día obtiene un mayor respaldo del resto para poder potenciarle, con futbolistas arraigados a la idea y una buena profundidad de banquillo para ahora sí cambiar partidos. ¿Hasta qué punto es este Liverpool un equipo mentalizado para ganar cosas grandes? ¿Se encuentra capacitado para mantener esta regularidad? Preguntas que serán respondidas esta temporada.