Las alas del liverbird por Javier Cordero

Las alas del liverbird por Javier Cordero

enero 28, 2019 282 Por Esto es Anfield

Robertson Carlos & TAA dos valores al alza de Klopp.

Por Javier Cordero

Desde Riise, ningún lateral del club durante la última década ha repercutido de tal forma en su modelo de juego. Algunos fueron leves espejismos en cuanto a rendimiento, quedándose lejos de su potencial; otros simplemente llegaron sin ningún motivo justificado. El paso de futbolistas como Johnson, Aurelio, Insúa, Flanagan, Wisdom, Clyne o Konchesky representan intentos fallidos —y algunos ni siquiera intentos— en la búsqueda de ese lateral competente y sobre todo influyente en los últimos metros. Los pasillos laterales se quedaron vacíos, tanto por la no ocupación como por el no aprovechamiento de estos espacios. Todo se limitaba a dar el pase atrás, a frenar en seco, a devolver automáticamente el balón a aquellos que sí gozan del respaldo de su equipo y pueden atreverse. No ha sido hasta 2018 cuando sus dos alas han empezado a batir, apocadas hasta el momento por el brillo de su parte delantera.

 

En la última década y como parte de la tradición inglesa, siempre hay una pareja de delanteros que se hacen dueños del plan de juego: se juega para ellos. Existen muchos ejemplos. En este caso Luis Suárez y Sturridge hicieron lo propio en aquel subcampeonato, mientras que en la actualidad siempre se sumó un tercero en la ecuación. Futbolistas con libertad en sus decisiones pero con la portería siempre en frente. Ese es su sentir dentro del juego y a partir de su autosuficiencia no han necesitado de complementos esenciales para imponerse. Con solo un veterano Gerrard como centrocampista de élite, no se ha conseguido en este pasado reciente un centro del campo de esa condición y se ha inclinado todo hacia los futbolistas de más calidad sin una gran influencia de la medular. Se quería pisar muchas veces las áreas y mejor si era la del rival. Ahora en un conjunto que sigue priorizando estos métodos, el escenario se le presenta de un modo distinto y la clasificación también le exige adaptación: no pueden dejarse puntos ante los pequeños. Ante esos que especulan y que piensan en el fallo propio y ajeno antes que en conseguir aciertos. En eso de sumar aciertos, los que se encargan de ocupar los flancos también quieren su parte del reconocimiento y lo han conseguido por méritos propios.

Cuando hablamos de Trent Alexander Arnold y Andrew Robertson lo hacemos de dos futbolistas que no tienen ningún atributo destacado en cuanto a sus facultades. Ninguno es un virtuoso con el balón en los pies, como tampoco expertos marcadores de puntas. De hecho, ni siquiera podrían compararse a las referencias mundiales en su puesto, todas ellas con alguna especialidad en su juego que les hace sobresalir por encima de otros. Sus cualidades están más parejas entre sí, ambos son laterales correctos que se van adaptando con rapidez a lo que pide el sistema de su equipo. De corte clásico, pues su manera de relacionarse con el juego recuerda a la de antaño: velocidad, potencia en la carrera y poner el centro. Sea como fuere, la relevancia que tienen para Klopp nace de su personalidad mucho antes de que su fútbol lo demostrase.

Ambos comparten la cualidad de la juventud y su corta experiencia en el máximo nivel. Esa mezcla ha hecho de ellos dos chicos ambiciosos, decididos y sin temor a tomar riesgos. De aquí nace su verdadero crecimiento y por qué Klopp ha confiado en ellos desde un principio. Para el alemán resulta imprescindible contar con jugadores sin miedo a fallar y ansiosos por mejorar en el día a día, asumiendo el error como parte fundamental del proceso. Bajo esta ‘ley motiv’ también se ha desarrollado el Liverpool: quitarse los miedos y complejos, no tener miedo a caer, arriesgarse, perder y volver a intentarlo con una dosis extra de fortaleza mental y conocimientos para afrontar el problema. Ahora, con un juego igual de agresivo pero mejor diseñado, el hueco para los laterales se ha abierto definitivamente para la temporada.

 

Ninguno partía como favorito para acabar como titular pero su sacrificio y sus buenas actuaciones hacen que ahora tengan la condición de intocables. Un hueco en la alineación y un hueco en las operaciones ofensivas de los reds. El paso a 4-2-3-1 es una ventaja para una serie de jugadores pero ninguna como la que proporciona a nuestros protagonistas. El Liverpool bajo este dibujo se une más y mejor por dentro, se dispone a atacar mejor y da más facilidades a los encargados de dar los primeros pases, con más espacio para intervenir. A raíz de ello, las zonas de influencia de TAA y Robertson se desplazan unos 20-30 metros hacia arriba. Es constante ver a ambos a la altura de los mediapuntas e incluso a veces como hombres más adelantados, clavados en la banda y esperando un cambio de orientación que haga acelerar la jugada como si de extremos puros se tratasen. Esta disposición cambia en cierto modo la relación que tenían con el ataque la pasada temporada, más basada en dar el envío largo al espacio. Ahora les toca empujar una y otra vez. No es extraño ver arriba a ambos independientemente de dónde esté el balón, incluso conectando con cambios de orientación de lado a lado. Tampoco es raro verles pisar el área, al contrario: hasta se la llegan a pasar entre sí. Uno centra y el otro acude a la zona del segundo palo para cazar ese envío. Una conexión tan atípica como fructífera, convertida en goles y puntos clave para seguir en el liderato.

Esta actitud agresiva y de intimidación ha supuesto beneficios constantes. Mientras Arnold ha seguido poniendo en jaque al oponente mediante despliegue y su pie derecho desde el pico del área o la frontal, Andy Robertson bajo este contexto que se le ofrece está capacitado para ser tan determinante pocos laterales en la Premier League. Este rendimiento ha tenido una contraprestación: las alternativas se han reducido y su nivel también. Clyne se fue a Bournemouth, Gomez está en proceso de volver mientras que Moreno no tiene oportunidades. Milner y Fabinho se adaptan al puesto, Camacho y Hoever también aunque aún deben consolidarse dentro de la plantilla. Si Robertson o Arnold se resfrían, no habrá abrelatas que bordee al rival y lo dañe, así que Jürgen Klopp deberá buscar alternativas con las que seguir sirviendo en bandeja los goles a los que terminan el trabajo. Pero nunca hay que olvidar el origen de esos goles…